Organizar
nuestro tiempo, y más aún, gestionarlo, puede ser un reto aparentemente
imposible o en extremo difícil al referirse específicamente a las actividades
que la vida académica nos exige, dado que en el trajín de la vida cotidiana y
las tareas que en ella nos ocupan suele suceder que olvidamos organizar tales
actividades de modo que podamos cumplir satisfactoriamente con todas ellas, sin
embargo, tomarnos el tiempo para hacerlo verdaderamente podría significar una
excelente inversión.
Personalmente me enfrenté con un
conflicto importante respecto a las veinticuatro horas que tiene el día, puesto
que pude percatarme del gran esfuerzo que realizo para ocuparme adecuadamente
en todas las actividades que he anotado al itinerario del día; he notado que
ser participativo en este abanico de posibilidades que tenemos no es
incorrecto, pero asumirlas sin pensar antes en el momento en que podamos
culminarlas sí lo es. Anotar más actividades de las que podemos hacer en el
transcurso del día puede obstaculizar la planeación o creación de horarios que
sean factibles.
Es por lo anterior que priorizar o
jerarquizar las actividades, en la preferencia o pertinencia de cumplimiento
respecto del tiempo que requieren y la fecha de entrega, dar mayor importancia
a las obligaciones antes que al ocio y asignar un margen de seguridad a cada actividad en lo referente al tiempo nos
ayuda a asegurar la consecución de las tareas que nos proponemos realizar.
Cuando ocurran emergencias, es decir, actividades para las que no teníamos
asignado ningún lapso, tenemos que probar nuestra inteligencia emocional,
lidiar con la situación de la mejor manera posible o la manera menos
perjudicial y en lo posterior, intentar regresar al plan inicial que se seguía
en ese día.
Siendo organizados, entusiastas,
optimistas, divergentes, dedicados y expeditos, así como constantes, será
bastante más probable cumplir nuestras metas y objetivos semanales.
-- América V. Benítez García --
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